El viernes en la noche estábamos en la sobrebremesa con unos amigos en una casa en los alrededores de la Colonia Tovar , en un sitio conocido como 'Villa Bahareque', cuando un escorpión clavó su aguijón en el dedo medio de la mano derecha de una familiar cercana. El dolor le hizo sacudir la mano de inmediato y el escorpión cayó al suelo y, como suelen ser de movimientos lentos, uno de los amigos lo tapó con un vaso, pasándolo luego a un frasco. Hasta aquí, sin saberlo, se hizo lo correcto: apresar al arácnido vivo. De las 30 personas que estaban en el sitio comenzaron a surgir todo tipo de anécdotas y opiniones. A la mayoría los habían picado alacranes en distinta oportunidades y no les había ocurrido nada que lamentar, de modo que recomendaban que se quedara tranquila y que, si acaso se sentía mal, pues que nos fuésemos a un hospital. Sin embargo, nos pareció más sensato el consejo de la minoría, que decía que nos fuéramos de inmediato. Salimos rápidamente hac...